Seamos fuertes ante las caídas. Por Adolfo Pineda

«Tú encargaste Que sean muy guardados tus mandamientos. ¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos Para guardar tus estatutos! Entonces no sería yo avergonzado, Cuando atendiese a todos tus mandamientos. Te alabaré con rectitud de corazón Cuando aprendiere tus justos juicios. Tus estatutos guardaré; No me dejes enteramente» (Salmos 119:4-8)

“Ojalá fuesen ordenados mis caminos Para guardar tus estatutos” dice el salmista y vienen a mi mente aquellos momentos en los que me sentí presa de la vergüenza, por haber en algún sentido, fallado a otros, a mí mismo y a Dios.

Pero el salmista no se detiene allí y continúa diciendo: “Te alabaré con rectitud de corazón Cuando aprendiere tus justos juicios” y nos fortalece para recordar, que el caer es también parte de la historia, que nos encontramos frente a un camino largo en el que quedan descubrimientos que hacer y en el que aprenderemos de las experiencias, como crecer en espíritu y carácter a través del Señor y su palabra.
Así como un equipo se hace fuerte entrenando con convicción y determinación, así nos invitan las escrituras de hoy a reconocer nuestras fallas, pero no quedarnos en ellas, sino levantarnos de tales errores, obtener de ellos el aprendizaje necesario para crecer y en ese proceso convertirlos en bendiciones, ofreciendo nuestro servicio, dones y recursos a favor de los que nos rodean.

En ese proceso de aprendizaje, no olvidemos que, ante la duda, tendremos en Dios, la guía que todo lo puede y todo lo determina. A El podremos, pedir que nos acompañe siempre, sin duda podremos como el Salmista decirle: “No me dejes enteramente”.

Pidámosle al Señor que nos conceda la fuerza y sabiduría para entrenar diariamente nuestro espíritu, en gratitud, amor, paz, y servicio mediante su Palabra y que nos de la humildad para aceptar los errores cuando fallemos y enmendar nuestros errores.

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